viernes 6 de julio de 2007

¿Qué nos está pasando?

Algo está pasando en el país. Bueno, en Colombia los ambientes siempre son raros. Al fin y al cabo somos de un modo particular, además de vivir permanentemente en situaciones de guerra muy complicadas. Pero por esta época todo parece estar peor. Tal vez lo único que, medianamente, puede rescatarse, es la unión de ayer en todo el territorio contra el secuestro.

Mucha gente. Y eso que con el acto sólo se muestra unidad frente a lo atroz, porque resultados concretos, pues no se ve ninguno. De manera que no está buena la situación. Uribe es un batallador y ahí está dando la pelea. Lo que pasa es que lleva muy poco en su segundo mandato y la situación está muy mala.

El peor de sus problemas actuales está en Estados Unidos. Se trata de la bancada demócrata que hoy controla el congreso gringo y manda la parada por allá. Uribe está perdiendo por mucho el pulso contra los demócratas. Y, cierto, no es que ese pulso se pueda ganar. Lo que pasa es que nuca ha debido darse. Pero como el gobierno se descuidó y el pulso se está dando, es hora es de maniobrar bien.

En esto cabe el viejo refrán de que más vale maña que fuerza. A los demócratas hay que trabajarlos, con calma y aceitar las cosas con política. Pero me refiero a la política que causa efecto en los políticos y no en las encuestas. Porque en Colombia ha hecho carrera la tesis de que si la popularidad está bien, todo lo demás también. Pero no sólo eso es un embrujo criollo, sino que no funciona en Estados Unidos para nuestros efectos. Los discursos ventejulieros desde el atril presidencial hacen palpitar los corazones de los colombianos. Pero a los americanos sólo les sacan sonrisas. Y lo que necesita el gobierno son resultados.

Por otro lado, el tema de la parapolítica sigue rondando Palacio. No ha habido nuevas detenciones pero se dice que están a la vuelta de la esquina. Adicionalmente, está sucediendo algo que se preveía pero no tan rápidamente: los congresistas enredados están acogiéndose a sentencia anticipada. Esto tiene dos efectos. El primero es que quienes están en esta tónica están, prácticamente, sellando la suerte de quienes están acusados por los mismos hechos pero se le están midiendo a ir hasta el final del proceso penal. No se ve fácil que dos acusaciones iguales tengan resultados distintos.

Y el segundo efecto que tienen las sentencias anticipadas es que, por lo menos de manera no oficial, suponen algún tipo de colaboración con la justicia. Quiere decir que habrá intercambio de información que puede llevar a que caiga más gente, pero también a que la que ya está enredada se enrede todavía más. Nadie puede, en realidad, predecir dónde terminará todo esto, pero es parte de lo que tiene desvelado al gobierno.

En el tema de la guerra, todo parece quieto. Escaramuzas en los montes, pero las partes siguen ahí, intactas. Y los secuestrados siguen contando los días para ver si hay un acuerdo humanitario que no se ve ya por ningún lado. El gobierno está totalmente concentrado en recuperar los cadáveres de los diputados del Valle. Es comprensible pues le interesa mostrar los resultados de los análisis forenses. Pero, realmente, debería ponerle el mismo ahínco al intercambio. Está bien recuperar nuestros muertos. Pero también vale la pena recuperar nuestros vivos. ¿No?

viernes 22 de junio de 2007

La ética del yo con yo

La Procuraduría, como institución, cumple una gran función dentro de la relojería del Estado. El Procurador, en razón de su elección, tiene un origen político. Sin embargo, si quien ejerce esa alta posición lo hace con independencia, puede en realidad prestarle un gran servicio al país. Es cierto que existen algunas funciones específicas del Ministerio público que no le son propias en razón de su fin y que por eso se deberían abolir. Varias de sus actuaciones en procesos penales son algunas de ellas. Pero como este es un país tan paradójico, no son esas funciones que sobran la que se están eliminando por parte del Congreso. Por el contrario, son otras, las que precisamente no conviene eliminar, las que los padres de la Patria están pasando por la guillotina.

En efecto, el Congreso de la República acaba de aprobar la ley que contiene el Código de Ética del Congreso, con múltiples disposiciones sobre el control que las comisiones de ética de las dos cámaras deben ejercer sobre los miembros de las respectivas corporaciones. Y en ese mar de normas, como recién caído de un barco pirata, apareció de la nada, nadando con pies y manos, un mico que, por lo visto no se ahogó sino que llegó a buen puerto.

El mico consiste en que, con el nuevo Código, serían las comisiones de ética de Senado y Cámara las encargadas de investigar disciplinariamente a los miembros del Congreso. Esto implica, ni más ni menos, que se le quitan los dientes a la Procuraduría en lo que a dichas investigaciones se refiere y se la hace de lado. Así, en adelante serían los propios congresistas quienes se investigarían a ellos mismos.

El Ministerio Público ha puesto el grito en el cielo y tiene razón. Una cosa es el comportamiento que atenta contra la ética, para lo cual las comisiones mencionadas están perfectas (ni mandadas a hacer, decimos en Bogotá), pero otra cosa muy distinta es la investigación disciplinaria que requiere un componente de independencia y equilibrio que no se encuentra en el Congreso.

La política es un arte que, por esencia, es de transacción. Y, precisamente por eso, no se la puede mezclar con la investigación de los propios, por cuenta de uno mismo. La búsqueda de la verdad, que es la clave de la investigación, tiene que estar libre de presiones para que sea efectiva. Y la política es, precisamente, todo lo contrario: una gran presión permanente de intereses que, a punta de transigir e intercambiar, se llevan a un destino determinado. En la investigación disciplinaria no se puede transigir ni intercambiar. Porque entonces lo que se sacrifica es la verdad. Y cuando se afecta la verdad, se afecta la justicia.

El verdadero comportamiento poco ético es el del Congreso. De hecho, debería empezar por investigarse éticamente a si mismo por haber aprobado esta norma. El Ministerio Público le ha pedido al Presidente que objete la ley por inconveniente. Vamos a ver qué decide él y si la relación del Gobierno con el Congreso da para que el legislativo se trague ese sapo.

Mientras tanto, seguiremos asistiendo al espectáculo de la creación de una nueva ética parlamentaria en Colombia: la ética del yo con yo. Yo la embarro, yo la desembarro. Pero sin que me destituyan. Al fin y al cabo, yo cometí el error, pero tranquilos, todo bien, porque yo ya me perdoné. Qué barbaridad.

viernes 8 de junio de 2007

Buena voluntad, malos resultados

Como van las cosas, la excarcelación de los presos de las Farc está resultando cara para el gobierno desde el punto de vista político. No se sabe exactamente para qué se hizo. Aunque resulta difícil creer que el gobierno de la Seguridad Democrática haya hecho semejante apuesta sólo para mostrar que tiene buena voluntad, parece que sí. Sin embargo, con la experiencia que lleva el Alto Comisionado en estos años frente al tema, para él ya debería ser fácil prever cuál es la reacción de la guerrilla a sus iniciativas unilaterales.

El gobierno insistió en la cosa a pesar del comunicado de las Farc en la que dijeron que para ellos todo este espectáculo era una simple cortina de humo. Fue entonces cuando el presidente Uribe dijo que era parte de un plan trazado con el presidente francés Nicolás Sarkozy. Un plan de buena voluntad para que las Farc actuaran igual.

El presidente de Francia, recién posesionado, se estrenó con mucho ahínco en el tema del intercambio. Se comprometió con la familia de Ingrid Betancur a hacer lo que estuviera a su alcance para ello. Por eso contactó a Uribe y lo puso a hacer lo de la excarcelación y todo lo demás que hemos visto estos días. Sin embargo, parece estarse dando cuenta de que lidiar con el tema no es precisamente dar un paseo por los Campos Elíseos. Tal vez por eso ya anunció que la cosa no se ve tan bien ni va a ser tan rápido. Es más, deben estarse preguntando ambos gobiernos: ¿y qué hacemos ahora?
La buena voluntad, como se está viendo, no basta. ¿Por qué? Yolanda Pulecio, la mamá de Ingrid Betancur, lo planteó claramente. Ella lleva varios años viendo que un acto unilateral no trae buenos resultados con la guerrilla. Sin negociación, es difícil que salga algo. Sólo se pierde tiempo, que a la vez, es lo único que se les acaba día tras día a los secuestrados.
Adicionalmente hay que tener cuidado con los actos de buena voluntad. Primero porque si son como los que hemos visto, pueden traer consecuencias difíciles de manejar. La primera ya la estamos viendo y es que se altera el poder público. El ejecutivo tiene que meter la mano en el judicial para poder excarcelar. Esto no es un buen precedente. Por otra parte, los demás presos ya arrancaron a pedir un tratamiento igual al de los guerrilleros indultados. Claro, están viendo que los tratan distinto y se sienten discriminados.
Valdría la pena entonces que alguien le explicara esto bien al presidente Sarkozy y que se creara una estrategia de negociación conjunta y no simples actos de buena voluntad. Si eso se logra, entonces podría preverse un camino duro pero con final feliz. Adicionalmente, en Francia la tragedia del secuestro tiene nombre propio: Ingrid. Por eso para ellos el único resultado válido es su liberación, y es comprensible. Pero esto olvida a los demás secuestrados y eso no puede pasar.
Si la comunidad internacional se jugara por el acuerdo humanitario y por todas las víctimas, es probable que todo avance más rápido. La buena voluntad no basta para los buenos resultados. Esperemos que de todo lo que está ocurriendo termine bien. Pero que si, lamentablemente, no resulta así, queden unas enseñanzas que se puedan aprovechar en el futuro.

viernes 1 de junio de 2007

Dos a cero

Es mucho el palo que hemos recibido siempre en materia de fútbol. Cuando no es la selección, el garrote llega en la Copa Libertadores de América. Claro, con la gloriosa excepción de cuando el Nacional, el Once o ahora el Cúcuta se han batido como leones y nos han dado, eventualmente, la alegría del campeonato continental. Porque, de resto siempre hay un casi… Casi clasificamos, casi empatamos… Casi ganamos… Nos faltan siempre dos centavos para el peso. De hecho, el único peso que en realidad cargamos en el fútbol, para ser sinceros, es el de la decepción.

Para que los equipos de fútbol estén bien, para que el fútbol colombiano esté en condiciones de ser en cuanto a sus resultados lo que es en cuanto a su corazón, sus dirigentes tienen que hacer las cosas bien. Y muchas veces se la pasan es peleando entre ellos, acordando reglamentos improvisados, copiando torneos foráneos, y sí, se olvidan del arte del balón. Otras veces, valga decirlo, sí se dan la pela como toca por el deporte. Pero no tanto como debieran. Porque si no, no sucedería todo lo que ha pasado y está pasando.

Mi protesta en este caso se encamina a la reacción de nuestro país frente a la prohibición de que se jueguen partidos oficiales de la eliminatoria al mundial en Bogotá. Porque si esto es así en realidad, si no puede haber partidos FIFA de los buenos en la capital, es posible que nos quiten también la posibilidad de ver la copa Libertadores y, pónganse a pensar, de taquito nos están eliminando de la posibilidad de jugar una copa mundo en Colombia.

Claro, hay en el resto del país ciudades magníficas con estadios de primera que ya han sido escenarios de grandes hazañas internacionales. El Atanasio Girardot en Medellín, el Palogrande en Manizales del alma y el glorioso Metropolitano de Barranquilla son algunos de ellos. Y así hay más. Pero que nos quiten a Bogotá, que decapiten al país así como así, equivale a que nos quiten el sueño de un día ser anfitriones de una copa mundo. ¿O es que acaso van a dejar como sede un país en el que en la capital no se puede jugar fútbol de verdad dizque por la altura?

Hay que recordar que el gobierno nacional puso al vicepresidente Pachito como punta de lanza a que abogara porque nos dieran la sede del mundial 2014. Se desplegó todo un operativo mediático y de oratoria para eso y se insistió hasta el final. Al final, recordemos, los encargados nos dijeron que todo estaba muy bien pero que, en realidad, teníamos más ganas de limpiarnos la mala cara que nos daban nuestros problemas políticos que de hacer el mundial. Sí, quedamos mal, pero untado el dedo, untada la mano y por eso se dio la batalla. Sin embargo, ahora que nos quitan la posibilidad de un pupitrazo, de un plumazo con tinta extranjera, el gobierno se calla.

La misma energía desplegada para lograr el intento por la sede del mundial, debería desplegarse para que no nos impongan esta injusta prohibición. ¿Dónde está Pachito ahora dando la pelea por Colombia? ¿Dónde están los discursos y el impulso diplomático? ¿Dónde los defensores de la patria? No se ven, no se ven.

Qué vaina… El primer gol nos lo metimos nosotros mismos cuando nos lanzamos dizque a quitarle la sede del mundial a Brasil cuando ya, incluso nosotros, se la habíamos refrendado. Y ahora nos metieron otro gol, sin darnos cuenta, de túnel, y no hicimos nada. Vamos perdiendo dos a cero.

viernes 18 de mayo de 2007

Santos señalamientos

Mancuso prendió el ventilador y muchos han salido realmente salpicados. Y eso que la cosa no ha empezado. Mancuso apenas soltó unas perlas sueltas en su declaración. Pero no sólo a él le falta hablar más, sino que los demás comandantes paras no han abierto la boca de verdad. Cuando lo hagan, habrá mucha más tela de donde cortar.

Los dos hechos principales, que tienen al país con los pelos de punta, son que Juan Manuel Santos se reunió con Carlos Castaño para tumbar a Samper y que Francisco Santos se reunió con él varias veces y le propuso que se creara un frente paramilitar en Bogotá. Si partiéramos del hecho de que Mancuso dice la verdad, habría en estos dos hechos diferencias fundamentales que, incluso, tendrían consecuencias también distintas.

La reunión de Juan Manuel Santos fue conocida entonces, por una filtración hecha por el gobierno de Samper. Se trataba de una idea en la que participaron varios personajes de la vida política y consistía en que los grupos guerrilleros y los paramilitares se pusieran de acuerdo y cesaran el fuego. Mejor dicho, se trataba de que el país hiciera las paces. Luego vendría una constituyente en la cual Colombia volvería a barajar. Claro, a Samper no le gustó la cosa porque esa barajada implicaba su salida. Pero el cauce de de todo era institucional.

Esta idea era buena. Poner a los guerrilleros y a los paras de acuerdo no es cosa de poca monta, y menos en cuanto al cese al fuego se refiere. Adicionalmente, la crisis era tan grande, el despelote institucional de tal magnitud, que realmente la iniciativa constituía una salida a lo que se estaba viviendo. Sí, implicaba el cambio de gobierno de entonces, pero de manera legal. El país estaba dolido y avergonzado por la financiación de la campaña presidencial con plata del narcotráfico.

Muy distinto a eso es lo planteado por Mancuso respecto de lo que le planteó el vicepresidente Francisco Santos, de crear un bloque paramilitar para Bogotá. Esto no se conocía, fue clandestino y nada tuvo de político o legal. Por el contrario, fue una iniciativa bélica. No fue una salida para la paz sino un impulso para la guerra. No consistió en botarle agua a la hoguera sino en echarle más leña a la candela.

El presidente Uribe considera que lo dicho por Mancuso hay que mirarlo con beneficio de inventario. Le corresponde hacerlo pues los implicados son funcionarios suyos. Sin embargo, creo que las responsabilidades son distintas en cada caso. En el de Juan Manuel, tienen que ser políticas y, desde mi punto de vista, sólo muestran una voluntad de paz y una iniciativa de paz digna de aplauso.

En el de Francisco el vicepresidente, por el contrario, las consecuencias además de políticas, deben ser judiciales. La justicia debe averiguar en qué consistió su iniciativa paramilitar, si se concretó y, en ese caso, cuáles fueron los delitos cometidos por ese bloque. Claro que eso, repito, le corresponde a los jueces. Ya está en eso la fiscalía. Ahora habrá que esperar a ver qué pasa.

viernes 11 de mayo de 2007

De embarrada en embarrada

Uribe siempre había considerado al vicepresidente como una especie de joya de la corona para mostrar. Desde que lo escogió como fórmula se vio su preferencia. Santos, salido de una familia tradicional de Bogotá, dueño de El Tiempo, secuestrado y liberado, con cara de inocente, era la ficha perfecta. Y lo fue. Cumplió su papel en campaña y en el gobierno. Siempre con un uribismo acérrimo y nunca hablando profundamente de política. Manteniéndose en lo liviano, en los temas panditos, evadiendo la política de verdad porque le queda grande.

Tal vez la labor más dura de Santos como vicepresidente ha sido lidiar a las ONG. Pero siendo parte de un gobierno que muchas veces ve esas organizaciones como delincuentes, eso no era difícil. Más bien era una tarea parecida a la que hacen los recreacionistas en los parques. Santos entretenía a las ONG mientras Uribe actuaba. De resto, el vicepresidente ha servido para defender a Uribe con declaraciones indignadas y para buscar que Colombia sea sede del mundial de fútbol. Pero no más. La razón para esto es que cada vez que se acerca a la política de verdad, se equivoca.
Santos se dejó descrestar por los micrófonos y las cámaras y se puso de bocón. Por eso esta semana le salieron dos tiros por la culata. Anunció que más de treinta congresistas se irían a la cárcel por parapolítica. Eso es descubrir el agua tibia, toda vez que fue el propio Mancuso quien hace ya rato dijo que más del 30% de congreso le pertenecía. Pero, por más real que sea la cosa, el vicepresidente no puede salir a anunciarlo así como así y no esperar que en el Congreso le reviren y duro. Con sus declaraciones puso en peligro la coalición de gobierno y, por lo tanto, la aprobación del resto de la agenda legislativa.
Por otra parte, también puso en peligro las relaciones con Estados Unidos, con unas declaraciones. Estábamos acostumbrados a que el canciller Fernando Araújo muchas veces hablara un poco más de la cuenta y causara con ello ciertos resquemores en la opinión internacional. El Presidente lo corregía y le pedían moderara sus declaraciones en uno u otro sentido. Pero esta vez la cosa fue al revés. Le tocó a la cancillería salir a contradecir a Santos y a limpiarle la cara.
El problema del vicepresidente está en la concepción que tiene del gobierno. Desde hace años nos viene tratando de vender la idea, junto con otros escuderos del Presidente, de que gobierno es sinónimo de Estado y uribismo de patriotismo. Este es un gran error porque unas son las instituciones y otros los hombres. Si no fuera así, con los gobernantes morirían los Estados.
Adicionalmente el planteamiento polariza y empieza a creerse que quien no está con el presidente es su enemigo. Así el gobierno deja de tener contradictores políticos y empieza, desde esta óptica, a tener enemigos que, al contradecirlo, se vuelven subversivos del orden institucional. Esta es una malformación de la política y es la óptica de Santos.
Puede estar siendo hora de que el vicepresidente piense en prestarle un servicio al Presidente como embajador en algún país lejano y amigo en el que esté al margen de los asuntos de gobierno. Porque lo peor que le podría pasar a Uribe es que su vicepresidente siga de embarrada en embarrada y le toque ir detrás limpiando, limpiando y limpiando.

viernes 27 de abril de 2007

Menos laureles y más política

El gobierno debería ser consciente de que los insultos a la oposición, que tanta popularidad le dan en Colombia, lo desprestigian terriblemente en el exterior.

El presidente Uribe, que es un gran político, cometió el inmenso error de no prever los efectos de las acusaciones de Petro en el exterior. Pero la responsabilidad no es sólo suya. Corresponde a cada embajador analizar la política local para medir el pulso de la situación frente a su gobierno. Y, evidentemente, la embajadora en Washington en esto falló. Por no estar atenta a lo que pasaba en la pelea de los partidos gringos, dejó que al teflón de presidente le pegaran un rayón duro y con puntilla.
Después de semejante ojo afuera ya no había Santa Lucía que valiera. Pero llega el tiempo de la reflexión y con las cosas un poco más decantadas, deben analizarse algunas circunstancias. La pugna política interna en los Estados Unidos tiene el tema de Iraq y la situación de América latina como puntos de controversia. Muchos americanos ya aceptan que perdieron la guerra en el país del difunto Saddam y que las tropas de su país deben volver a casa. Bush, sin embargo, quiere hacer un último esfuerzo. Pero los demócratas, que son los que mandan, no aguantan un soldado muerto más.
El otro problema grave es América latina y, para Bush y su corte, Uribe es un aliado incondicional, necesario y querido. Sin embargo, para Hilary, Gore y los demás demócratas, esa cercanía del presidente colombiano a su gobierno se ve con malos ojos. No les interesa tanto qué pasó en la hacienda Guacharacas, si el hermano del Presidente tenía o no grupos paras o si se codeaba con Fabito. Les interesa más es que Uribe representa la línea dura de Bush, que para ellos, se agotó hace rato. Esta es la pelea que, lamentablemente, dejó a Uribe de trompo de poner y quitar.
Los demócratas han entendido que no pueden vetar a Uribe totalmente por la misma dinámica política del continente. Saben que ahí están Chávez, Correa, Lula y Evo, vivitos y coleando y haciendo rancho aparte. Los ven muy de izquierda y por eso han sido cautelosos. Sin embargo, el partido demócrata en el Congreso americano ha dejado clara su preocupación sobre la situación de Uribe y está condicionando el apoyo a como se vayan dando las cosas. Pero nadie sabe qué más vaya a ir saliendo en el escándalo de la parapolítica.
No sólo siguen las indagatorias y los carcelazos, sino que cada vez son más los políticos antioqueños enredados. Por otro lado, la crisis ha sido muy mal manejada. El gobierno debería ser consciente de que los insultos a la oposición, que tanta popularidad le dan en Colombia, lo desprestigian terriblemente en el exterior. Un europeo, cuando Uribe le dice guerrillero de civil a un senador opositor, lo entiende como un acto de barbarie política. Lo mismo para un americano. Y como si fuera poco, el propio gobierno ha ayudado a aumentar la marea. Dijo que le hace inteligencia a la oposición, hizo un gran escándalo por lo de Gore, y claro, lo que era una tormenta en un vaso de agua se volvió una tempestad.
Cuando un presidente acepta homenajes de solidaridad de sus ministros, de los gremios de su país y se inventa cruzadas de ciudadanos a su favor, es porque ha recibido un duro golpe político donde más le duele. Por eso Uribe no puede seguir dejándose alabar sino que debe modificar el comportamiento frente a la oposición y emprender una cruzada diplomática seria y total en Estados Unidos y en Europa. Es simple: Menos laureles por aquí, y más política por allá.